martes, 10 de mayo de 2016

El amor innato de una madre

Como todos sabemos hay cosas muy conocidas que se han vuelto sinónimo de lo que es convertirte en madre tales como "en el momento en el que vi a mi bebé, me enamoré", "era hermoso(a)", "al x día yo andaba como si nada, no me importaba el dolor/las molestias, porque tenía a mi bebé conmigo", "lo(a) amo más que a nada y nadie en este mundo", "no puedo imaginar mi vida sin mi(s) bebé(s)", entre otras tantas.

Muchos de nosotros hemos crecido con estas ideas muy repetidas, muy arraigadas, pero como todo siempre hay lados grises o negros que normalmente no dejamos que sean vistos.

Son muchas las cosas que tienen puntos grises y negros ocultos, velados y por fortuna, de alguna forma, con el tiempo esto está cambiando poco a poco, como por ejemplo cosas que no se comentaban mucho sobre los partos (como excretar/hacer popó por los pujos y otras cosas no tan encantadoras).

Sin embargo, al menos en mi experiencia (que quizá es poca todavía) aún hay algunas cosas que permanecen en silencio y que, en ocasiones, lo hacen dudar a uno mismo de todo, que te hacen creen que todo lo que te han contado y todo lo que se publica sobre la maternidad son mentiras.

Es de esto de lo que quiero hablar. Quiero confesar mis "pecados". Quiero que sepas que, para mí, muchas de estas cosas han sido mentira y me han causado conflicto.

Entonces a continuación mi lista:
  • Desde el momento en el que me dijeron que sería cesárea me paralicé.
  • El día en que nació mi bebé ha sido el peor día de mi vida.
  • Aunque mi cirugía no tuvo complicaciones hasta donde sé, la verdad es que no fue la mejor del mundo: la pasé bastante mal.
  • Ni la presencia de mi esposo me ayudo. Nada. Ni tantito.
  • Cuando vi a mi bebé, pensé que era feo.
  • No es cierto lo del amor a primera vista (en mi caso al menos).
  • Es el periodo en el que me he sentido más sola, más triste, miserable, perdida, loca.
  • La recuperación de la operación no la considero muy buena: sentí dolor, bastante, y no duró poco.
  • Yo no he sentido "la emoción de tener al mi bebé en brazos" como otras personas lo describen.
  • Por lo tanto esa emoción no hizo que me olvidara de los inconvenientes ya mencionados, ni de otras cosas sobre el posparto y la cirugía.
  • Mi panza quedó chueca: el lado izquierdo es más prominente que el derecho (de ese lado se acomodaba mi bebé).
  • Quedé con estrías, como otras personas, salvo que otras personas dicen que "son la marca del amor","cicatrices que me recuerdan que mi vientre fue el hogar de mi bebé", "la hermosa marca que me recuerda el tiempo en el que fuimos uno"… y sin importar eso me parecen feas, las odio, nunca las voy a amar y no por vergüenza como tal, simplemente no me gustan.
  • Fracasé estrepitosamente en la lactancia y quizá fue mi culpa por no asegurarme de tener apoyo, una tribu, por no encontrar a un asesor, por no luchar más fuerte para poder establecerla y mantenerla.
  • Sigo sintiendo mucha culpa por haber tomado varias de las decisiones que tomé.
  • En mí no existe el "instinto maternal": aún no sé por qué llora o grita...
  • Y pese a que las cosas han mejorado, no puedo decir que amo a mi bebé como, por ejemplo, digo que amo a mi esposo (en intensidad).
  • Continúo perdiendo la cabeza ante los gritos y llantos.
  • El tiempo lejos de mi bebé me gusta, lo disfruto y no me gustaría dejarlo. No extraño a mi bebé.
Esas son algunas de mis "verdades", o mejor dicho "realidades", cosas que son parte de mí.

Debo decir que pasé momentos muy oscuros, de los cuales no me siento orgullosa y los cuales me llevaron a niveles aún más bajos de lo que podía creer…

Definitivamente, aquél día, el día de la cesárea, se abrió una herida profunda en mi corazón, en mi alma o en mi mente que aún no desaparece, me atormenta y aún desconozco el tiempo que tardará en desvanecerse.

Dicen que con el tiempo y con el amor que le tengas a tus hijos todo lo que sufriste se te olvidará, a algunas más pronto que a otras, pero considero que no es cierto, al menos en mi caso. Es posible que en algún momento tus deseos de tener otro bebé sobre pasen a esos malos recuerdos de dolor y angustia, pero no significa que realmente hayas olvidado.

Todo esto que comento no quiere decir que no quiera a mi bebé, sino que visibiliza una parte que pocas, muy pocas veces se comparte con el mundo, porque lo que se comparte son casi siempre "las maravillas" de ser madre, de tener hijos, del amor incondicional… siendo esto diferente para cada quien.

Y entonces me pregunto por qué no soy así y cuánto tiempo tendrá que pasar para que por fin sea una mamá "normal", sin embargo he encontrado un poco de luz en mi camino: el otro día veía una entrevista a una consultora de lactancia que, entre otras cosas, decía que si le preguntas a una embarazada que si ama a su bebé, te va a decir que sí, pero esto no es cierto, es una mentira; comenta que uno comienza a enamorarse de su bebé hasta que lo conoce, con el tiempo que pasan juntos, con las caricias, la experiencia, cuando vas conociendo su personalidad; siento que esto es verdad, y quizá me falta pasar más tiempo con mi bebé.

A unas mamás les tomará menos tiempo, a otras más, pero quiero creer que en algún momento alcanzaré la paz, un equilibrio "perfecto" en el cual ya no me alcance esta oscuridad de la que he tratado de huir.

A veces como personas somos muy duros unos con otros, y estoy segura que muchos no entenderán lo que trato de decir, el cómo me siento, y seguramente en algún grado me juzgarán, pero su juicio no puede ser más duro que el propio. Sin embargo ambos juicios se tienen que suavizar lo más posible.

Son los silencios, las omisiones, los prejucios, juicios e incluso algunas expectativas las que en ocasiones nos hacen daño. Es por eso que he decidido sacar a la luz estos pensamientos, esta perspectiva, para aquellos que los tengan, como yo, sepan que no se encuentran solos, para que también se animen a compartir sus historias.

Seguramente con el tiempo mi perspectiva cambiará junto con mis sentimientos, pero en este momento esto es lo que hay en mi interior, y éste es un paso más que doy hacia la aceptación, un paso más para tratar de llegar nuevamente a la luz.

—Haruna.